Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Historia SPORT

Historia SPORT

YA NO TE ACORDABAS

Un pitillo con Frank Rijkaard, exentrenador del Barça: la historia detrás del “nunca fumarás solo"

Frank Rijkaard se hizo querer en el banquillo del Barça por su talante zen y sus éxitos deportivos. Hablamos con quienes lo conocieron lejos de los focos y vivieron momentos insospechados a su lado

Frank Rijkaard: "És un placer ver jugar al Barça ahora"

CZIBOR

Dídac Peyret

Dídac Peyret

Frank Rijkaard (1962, Ámsterdam) fue un entrenador del Barça que caía tan bien que, el día que se despidió, la prensa le regaló una camiseta con el mensaje: “mai fumaràs sol” ("nunca fumarás solo").

El gesto tenía mucho sentido, porque muchos periodistas contaban entre pasillos anécdotas que no publicaban, casi todas vinculadas a la afición del técnico por el tabaco.

Una de las más celebradas era cómo conseguía fumar en el avión tras hablar con el comandante y las azafatas. O aquella niebla —“rollo Támesis”— que llenaba su despacho cuando ibas a entrevistarlo y sus ojos rojos asomaban entre el humo. "Era como entrar en otra dimensión", recuerda Paco Cabezas (El Periódico).

Rijkaard, en su icónico despacho, donde hacía las entrevistas

Rijkaard, en su icónico despacho, donde hacía las entrevistas / CZIBOR

Quien más quien menos tenía su momento Rijkaard. “Un día, saliendo del diario, en el Paral·lel, me empieza a pitar un Mini. Me acerco y era él”, apunta Ferran Correas, entonces en El 9, ahora en SPORT. “Lo reconozco, flipo, y le pregunto: ¿qué haces aquí? Y me dice que va hacia Nou de la Rambla, al único estanco donde venden el tabaco que quiere”.

Pancarta en el Camp Nou dedicada a Rijkaard

Pancarta en el Camp Nou dedicada a Rijkaard / MARC CASANOVAS

El tabaco que quería Rijkaard no era un tabaco cualquiera. Era uno holandés. Chus Carrillo, director de Barça TV en aquel momento, pudo probarlo al estar en el lugar y el momento adecuado.

Una rueda de prensa entre semana. Dos menos cuarto. Media hora de retraso. En televisión alargaban como podían: promociones, repeticiones de goles, lo que fuera. Desde control, nervios.

Carrillo baja al vestuario. En ese momento, Rijkaard sale de su despacho.

—¿Míster, que no hay rueda de prensa?

Tranquillo, facciamo una sigaretta.

Se sientan en la recepción, frente al vestuario de los árbitros. Sillones. El ascensor de la tribuna. Rijkaard saca un cigarrillo holandés, sin filtro, fortísimo. Carrillo da una calada, casi no puede ni respirar y no hablan.

— Silencio total

Afuera, los periodistas pitan, entre la broma y la impaciencia. En la tele siguen estirando el hilo. Carrillo no sabe qué decir ni qué hacer. “¿Pero quién coño soy yo para decirle algo?”, piensa. Rijkaard, tan tranquilo, fuma, con la mirada perdida.

Cuando acaban, se levanta:

—Va, vamos.

Y rumbo a la rueda de prensa.

Como si nada.

Rijkaard atiende a los periodistas

Rijkaard atiende a los periodistas / JOAN MONFORT

"Les he cantado una canción y no se han enterado"

Rijkaard, que de tanto decir ripeto cuando quería decir “repito” acabó ganándose el apodo, hablaba con el tempo relajado del reggae y daba golpes de barbilla para contener los eructos que le provocaba la Coca-Cola Light. Su puesta en escena como entrenador tenía un aire zen y se movía con ese fluir de dejar que las cosas sucedan sin forzarlas.

En las ruedas de prensa a menudo se aburría muchísimo, y cuando no sabía qué decir contestaba: “Es una motivación añadida”, una demostración más de cintura de Rijkaard, que sabía que la mejor manera de ventilar un tópico era responder con otro tópico.

Rijkaard, posando para SPORT, con un tablero de ajedrez

Rijkaard, posando para SPORT, con un tablero de ajedrez / VALENTÍ ENRICH

Una de los momentos más curiosos fue cuando, antes de medirse al Alcoyano, le preguntaron por unas palabras de Laporta, que había dicho que el equipo tenía "un problema técnico fuera de casa", y respondió: "Yo no lloro. No pierdas la esperanza. Sé que llegará, llegará". Aquel ataque de cursilería dejó a todo el mundo a contrapié, "¿Qué llegará?", le repreguntaron. "El buen fútbol".

La periodista Sandra Sarmiento fue la que detectó que aquello eran el estribillo de 'Para que tu no llores', una canción de Antonio Carmona (Ketama), "les he cantado una canción ahí dentro y no se han enterado", confesaría Rijkaard, que en realidad era más fan de bandas como Pixies, Bloc Party, Coldplay o The Killers.

"Ostia, ¿por qué no lo explicas en la prensa?"

Cuando no había cámaras delante, o sentía que tenía un interlocutor que le estimulaba, mostraba otra cara. Lo recuerda Ricard Torquemada (Catalunya Ràdio), uno de los periodistas con quien más conectó:

“Para no decirte una mentira, en una rueda de prensa, a veces podía acabar respondiéndote algo distinto de lo que le habías preguntado. Pero, al mismo tiempo, es un tipo con quien después hablé mucho de fútbol. Era curioso porque, a veces, yo le había dicho: ‘Ostia, ¿por qué no lo explicas en la prensa?’ Y él siempre me decía: ‘Bueno, pero no hace falta’. Como diciendo: ‘Yo estoy en mi mundo, ¿no? Y este es otro mundo’”.

Rijkaard, Txiki, Laporta, Xavi, Puyol, Ten Cate y Ronaldinho brindando... Días felices

Rijkaard, Txiki, Laporta, Xavi, Puyol, Ten Cate y Ronaldinho brindando... Días felices / VALENTÍ ENRICH

Rijkaard ejercía de poli enrollado, una especie de hermano mayor para el futbolista, mientras que Ten Cate hacía de poli malo. En eso, Rijkaard era un holandés atípico. “Los holandeses tienen esa manera de decir las cosas directa, sin filtro, pero él no era exactamente así”, recuerda Torquemada.

“Era muy sincero, pero no era nada confrontativo. Tenía ese punto de jugador mítico, que no se dejaba impresionar ni presionar demasiado. No tenía la necesidad de entrar en conflicto o de decir las cosas de manera abrupta. Cómo te diría… no le gustaba la fricción. Prefería, a veces, hacerse un poco el sueco”.

Rijkaard posa con la camiseta de sus 100 partidos con el Barça

Rijkaard posa con la camiseta de sus 100 partidos con el Barça / JOAN MONFORT

Esta tendencia a laisser faire, laisser passer también era conocida dentro del club, sobre todo en la gestión de figuras como Ronaldinho, aunque lo abordara en más de una ocasión. “Nunca afrontaba los problemas, esperaba que se solucionaran solos”.

Una crítica —o un elogio según cómo— que contribuyó a que su Barça tuviera un final más bien triste. Pero también a que hoy en día siga siendo el entrenador al que más quieren los futbolistas que entrenó.

Rijkaard fue uno de los grandes apoyos de Ronaldinho en el Barça

Rijkaard fue uno de los grandes apoyos de Ronaldinho en el Barça / VALENTÍ ENRICH

Durante su etapa en el Barça vivió en el barrio de Pedralbes, comió muchísimo Jabugo y no se separó de Claudio Losardo, una amistad de sus años en Milán que le hacía de todo: asesor, secretario y lo que hiciera falta.

A Rijkaard, que siempre iba perfumado para disimular el tabaco, le daba una pereza infinita gestionar las pequeñas y grandes tensiones de la vida práctica. Frank prefería vivir; para todo lo demás, ya estaban Claudio y Ten Cate.